Recuerdos en las colonias de verano

Veinte momentos inolvidables que vivimos en los campamentos de verano

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¿Te acuerdas de la primera vez que llegaste a un campamento de verano y no conocías a nadie? ¿De todos los amigos y amigas que hiciste durante esos días? ¿De las actividades y experiencias que vivisteis juntos? Todos aquellos que hemos ido de campamento de verano sabemos lo especiales que son estos programas y lo mucho que han significado para nosotros. Seguramente era nuestra primera experiencia alejados de casa y de nuestros padres; la primera vez que, por así decirlo, no nos teníamos a más que a nosotros mismos. Y sin embargo todos lo recordamos con cierta melancolía.

Hoy terminamos nuestro especial de campamentos de verano. Una serie de artículos que hemos venido publicando a lo largo de las últimas semanas y en los que hemos visto desde consejos a la hora de elegir uno de estos programas, hasta campamentos de lo más originales. Y queríamos terminarlo de la mejor forma posible: recordando aquellos momentos inolvidables que todos vivimos en este tipo de campamentos. Una buena forma de apelar a la nostalgia y de hacer ver que si nosotros lo disfrutamos tanto, por qué no nuestros hijos 😉

  • Comprar una linterna en el “chino” o el Corte Inglés y sentirte el niño más especial del mundo. Ahora con tanta PlayStation y Xbox dudamos que nuestros hijos/as experimenten tanta ilusión…
  • Abrir la cantimplora por primera vez para olerla, desear estrenarla, y que tu madre te diga que hay que lavarla primero.
  • De camino al campamento oír por enésima vez los consejos y avisos de tus padres sobre cómo debes comportarte.
  • Despedirte de tus padres con cierta pesadumbre y angustia; sin saber que seguramente ellos lo están pasando peor que tú.
  • Hacer amigos nada más entrar en el autobús. Probablemente el compañero que tenías al lado se acabó convirtiendo en tu amigo del alma durante todo el campamento.
  • Hablar con todos y de todo durante las más de 5 horas que duraba el trayecto en autobús (¡Mira que eran largos!).
  • Llegar al campamento y sorprenderte como nunca en la vida. Todo era nuevo y alucinante.
  • Aunque siempre había alguno que se ponía a llorar porque quería estar con sus padres. Comprensible al fin y al cabo.
  • Vivir por primera vez uno de los llamados Fuegos de campamento. Nunca jamás asaron nubes en las hogueras (como en las películas), pero qué bien nos lo pasábamos igualmente.
  • (Para aquellos que fuimos de campamento a la costa). Pisar finalmente la playa y correr como si no hubiera mañana para ser los primeros en meternos en el agua (en este sentido nos gustaría destacar los programas del Centro Cultural de Idiomas en Alicante).
  • Ese miedo irracional hacia las duchas comunitarias. Y es que eso de ducharnos todos juntos no era precisamente santo de nuestra devoción.
  • Tampoco faltaba el típico monitor guapo del que estaban enamoradas todas las niñas.
  • Probar por primera vez en nuestra vida el tiro con arco. Costaba mucho, pero cuando salía bien te creías el mismísimo Robin Hood. Ahora los campamentos incluyen actividades de todo tipo: hípica, piragüismo, béisbol… ¡Lo bien que se lo deben pasar ahora los peques y los no tan peques! Y sino que se lo digan a Hyland Language Centre; sus campamentos pocos deportes más pueden incluir.
  • Esas yincanas que se convertían en competiciones a vida o muerte. Todo el mundo quería ganar. Parecía que nos disputáramos la ‘Champions League’.
  • Las canciones de campamento. A algunos les daba vergüenza cantarlas al principio, pero luego bien que nos animábamos todos.
  • Añorar desesperadamente la comida de tu madre. No es que la del campamento fuera especialmente mala, pero es que en casa como en ningún sitio.
  • Los campamentos multiaventura. Tirolina, rafting, senderismo… Tantas actividades que a veces pensabas que no ibas a terminar vivo el día. Sí, acababas agotado; pero luego dormías como un corderito. Y si no nos crees echa un ojo al campamento de Native Learn.
  • ¡Los bichos! Por todas partes además. Que si en la piscina, que si en las propias habitaciones… No había mañana que no despertaras con alguna picadura de mosquito.
  • Los amores de verano. De acuerdo, no todos disfrutamos de un “amor de campamento”; pero siempre había alguno que otro. Comentado eso sí por todos y cada uno de los amigos/compañeros.
  • Desear que el campamento se alargara mucho tiempo más. Habíamos hecho nuevos amigos, nos lo pasábamos genial, y realmente no queríamos volver a casa por nada del mundo.

 

Vivir un campamento de verano es una experiencia única. Una que vamos a recordar durante toda la vida. Y si tan bien nos lo pasamos nosotros, ¿por qué no hacer que nuestros hijos vivan la misma aventura? Son muchos los motivos por los cuales realizar uno de estos programas, y todos ellos buenos. Te dejamos a mano este buscador de campamentos de verano; para que puedas ver sus precios, fechas, actividades…. Justo en el recuadro azul de aquí abajo. Descubrirás que son muchas las opciones entre las que elegir, y muchos los argumentos por los que llevar a los más peques de la casa a estos cursos de verano 🙂

 



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