Irlanda es uno de esos destinos que parecen hechos para pasar un verano diferente. Sus paisajes verdes, sus tranquilos pueblecitos, sus ciudades llenas de vida y, sobre todo el carácter cercano de sus habitantes, convierte a este pequeño país en un destino especialmente atractivo para los niños y jóvenes que quieren aprender inglés en el extranjero.
Los campamentos en Irlanda combinan clases de inglés, actividades, excursiones y convivencia con otros estudiantes de diferentes nacionalidades. No se trata de un simple curso de idiomas en otro país. La verdadera experiencia consiste en el reto de utilizar el idioma inglés durante todo el día: en clase, con la familia de acogida, durante una actividad deportiva, al pedir algo en una tienda, hablando con otros compañeros o durante una excursión.
Por eso, elegir Irlanda para un campamento de verano puede ser una buena opción tanto para los jóvenes que ya tienen cierto nivel de inglés como para aquellos que se enfrentan por primera vez a una experiencia internacional. Es un destino culturalmente muy cercano, de tradición católica y gran cohesión familiar, así que incluso para los niños más apegados a sus padres, suele ser la primera opción si nunca han viajado al extranjero.
Aunque cada programa es diferente, lo habitual es que los campamentos de verano en Irlanda combinen aprendizaje de inglés y actividades de ocio. Generalmente las clases suelen ocupar la mañana y el resto de la jornada se dedica a deportes, juegos, talleres, actividades culturales o excursiones.
La principal diferencia respecto a estudiar inglés en España es que el idioma no desaparece cuando termina la clase. La inmersión en el inglés es absoluta, ya que los alumnos están rodeados de jóvenes de otros países y monitores con los que tienen que comunicarse forzosamente en inglés. Al principio puede resultar extraño, especialmente si nunca se ha salido al extranjero sin la familia, pero después de unos días la situación se vuelve mucho más natural y el idioma fluye de manera espontánea.
La mayoría de los programas en Irlanda son multinacionales, por lo que reciben a estudiantes de distintos países. Esto hace que el inglés se convierta en la lengua común entre los participantes, incluso aunque ninguno sea nativo. Es una situación muy interesante porque obliga a perder el miedo a hablar y a buscar recursos para hacerse entender.
El gran atractivo de un campamento en Irlanda es precisamente que el aprendizaje no se limita a los libros o a las clases en la escuela de idiomas. Imaginemos a un adolescente que por la mañana ha estudiado cómo formular determinadas preguntas en inglés y, unas horas después tiene que utilizarlas para comprar un helado, preguntar una dirección o hablar con un compañero de Italia. Es en esas situaciones cotidianas donde muchas veces se produce el verdadero salto en la autoconfianza de nuestros hijos.
Además, los campamentos en Irlanda son geniales para escuchar diferentes acentos y formas de hablar. Los primeros días puede costar entender algunas conversaciones, pero poco a poco el oído se acostumbra. Y cuando un estudiante comprueba que puede mantener una conversación en inglés sin necesidad de traducir cada frase mentalmente, habrá ganado mucha seguridad.
Y que nadie se engañe. El objetivo no debería ser que los jóvenes regresen de Irlanda hablando inglés perfectamente. Una estancia de un par de semanas no hace milagros, aunque sí suele encarrilar el aprendizaje de la lengua y especialmente regresar a casa con una actitud mucho más positiva hacia el inglés. Lo realmente interesante de estos campamentos para los niños y jóvenes es que mejoran la comprensión, amplían su vocabulario, ganan soltura y, sobre todo pierden el miedo a utilizar el idioma.
Un buen campamento en Irlanda no puede convertir las vacaciones en una sucesión de clases de inglés. Por este motivo es crucial que los programas incluyan una amplia variedad de actividades. Ya sabemos que los jóvenes se cansan rápido de la monotonía…
Los deportes tienen bastante protagonismo. Fútbol, baloncesto, tenis, voleibol, golf o natación, y por supuesto deportes irlandeses como el fútbol gaélico, el hurling, el handball y el rounders.
Son imprescindibles también las actividades y las visitas a destinos populares de Irlanda, como la propia capital Dublín, los acantilados de Moher, el parque Nacional de Killarney, la península de Connemara, el castillo de Kilkenny o la calzada de los Gigantes. Todos ellos perfectos para niños.
También pueden organizarse juegos en grupo, concursos, competiciones entre países, talleres de artesanía, actividades creativas y propuestas relacionadas con la cultura irlandesa. La función que tienen estas actividades es muy importante, ya que facilitan la socialización de los niños, propiciando que hagan amigos de diferentes países.
Para muchos jóvenes que acuden a los campamentos en Irlanda, conocer a otros participantes es una de las mejores partes de la experiencia. Compartir habitación con otro niño extranjero, formar parte de un equipo o de un grupo durante una excursión hace que las relaciones se establezcan rápidamente.
No existe una única edad para participar en este tipo de programas en Irlanda. Hay campamentos dirigidos a niños desde 7 años, otros pensados específicamente para jóvenes y adolescentes, e incluso programas para mayores de 18 años, que tienen en cuenta las necesidades de los adultos.
Obviamente, la elección debe hacerse pensando en la edad, pero también en la madurez del participante. Para algunos niños viajar a Irlanda sin sus padres puede ser una aventura fantástica, aunque para otros puede resultar demasiado pronto. Es recomendable escucharles antes de inscribirles en esta aventura, aunque ojo, porque siempre tiene que haber una primera vez en la que viajen sin sus padres.
También conviene valorar la duración. Una primera estancia de una o dos semanas puede ser suficiente para que un niño compruebe cómo se desenvuelve fuera de casa. Los jóvenes que ya tienen experiencia viajando pueden optar por estancias más largas. Ten en cuenta que el periodo de adaptación del oído a la nueva lengua conlleva unos días, así que no suelen ser productivos los campamentos inferiores a dos semanas.
Rotundamente no. De hecho, el objetivo principal de los campamentos de inglés en Irlanda es precisamente ayudar a los jóvenes a mejorar su nivel en el idioma. Evidentemente, disponer de unos conocimientos básicos facilita los primeros días. Pero tampoco es necesario entender absolutamente todo lo que se dice. Los monitores y profesores están acostumbrados a trabajar con alumnos internacionales y las actividades suelen estar planteadas para que puedan participar estudiantes con diferentes niveles.
Lo importante de estos programas lingüísticos es mantener una actitud abierta y no avergonzarse por cometer errores. Equivocarse forma parte del aprendizaje. Si un estudiante espera a hablar inglés hasta estar seguro de que no va a cometer ninguna equivocación, probablemente no lo hablará nunca.
Dublín: La capital es parada y paso obligatorio para todos los estudiantes que vienen a estudiar inglés en Irlanda. Bien sea porque se trate del destino final o porque se vaya de excursión, bien merece una visita a fondo. Desde su famosa universidad, el Trinity College, hasta el castillo de Dublín, el puente Ha’penny, Temple Bar o el inmerso Phoenix Park. Pero también atracciones que encantan a los jóvenes, como Dublinia, el museo de Cera o los estudios de Juego de Tronos.
Cork: Es la segunda ciudad más poblada de Irlanda. Un destino perfecto para niños y jóvenes, ya que cuenta con una sobresaliente población de estudiantes, que vienen atraídos por el impresionante entorno natural de los alrededores, especialmente el anillo de Kerry y el Killarney National Park, sin olvidar la bucólica población de Cobh.
Galway: Una ciudad vibrante de marcado ambiente juvenil, que alberga la Universidad Nacional de Irlanda, destino habitual para los Erasmus de todo el mundo. Pasear por el Latin Quarter y disfrutar de su vida nocturna es ya un atractivo para muchos adolescentes, aunque también la exuberante naturaleza cercana, que incluye los acantilados de Moher y la península de Connemara.
Limerick: Otro destino universitario, más tranquilo y económico que Dublín, por lo que suele ser perfecto para campamentos con niños. Se trata de una ciudad compacta, erigida alrededor del castillo del Rey Juan y del río Shannon, que puede ser recorrida fácilmente a pie.
Bray: La ubicación en la costa este, cerca de Dublín, la convierte en una localidad vacacional perfecta para los campamentos que buscan un entorno muy tranquilo. Su playa y paseo marítimo son un excelente punto de encuentro para jóvenes de todo el mundo.
Waterford: Se trata de otro de los destinos más seguros de Irlanda para jóvenes, ubicada en la desembocadura del río Suir. Ofrece visitas a pie para conocer sus rastros medievales, playas cercanas y centros de ocio juvenil.
El alojamiento depende del programa elegido. Generalmente en residencias para estudiantes o en familias irlandesas. No existe una opción mejor o peor, ya que dependen de múltiples factores: de la edad del estudiante, de sus preferencias y del tipo de experiencia que busque.
Alojamiento en residencias: Suelen encontrarse en ubicaciones céntricas o en campus universitarios, que aprovechan así las vacaciones de verano de sus residentes. Tienen la ventaja de favorecer la convivencia con otros participantes y suelen ofrecer instalaciones para uso de los estudiantes, como comedores, bibliotecas, salas de estar y pabellones deportivos. Se comparte buena parte del día con estudiantes internacionales y resulta sencillo hacer amigos. Proporcionan independencia y son por lo tanto una buena opción para los estudiantes más maduros o para los mayores de edad.
Alojamiento en familia: Ofrece una experiencia inmersiva en la cultura irlandesa. Permite conocer de cerca la vida cotidiana de una familia nativa, formando parte de ella durante unas semanas y utilizar el inglés en un entorno más doméstico. En los “home stay” de los campamentos en Irlanda encontrarás todo tipo de familias: clásicas, monoparentales, homoparentales e incluso familias sin hijos. En todos los casos facilitan una habitación al estudiante, que podrá ser compartida con otro estudiante, español o de otra nacionalidad. La familia ofrece pensión completa, aunque en muchos casos, dependiendo del horario de la escuela, la comida será de tipo “packed lunch”. Obviamente este tipo de alojamientos son perfectos para niños y jóvenes menos acostumbrados a viajar, ya que la familia en Irlanda cuidará de ellos como si fueran sus propios hijos. La experiencia de vivir durante unas semanas en casa de una familia, que ha abierto su hogar a un niño extranjero, supone para muchos jóvenes una de las mejores experiencias vitales. Hacen amigos de por vida y hablarán de ellos en el futuro como “su familia irlandesa”. Probablemente muchos volverán cada verano para visitar a su “nueva” familia.
No todos los campamentos en Irlanda son iguales. Antes de reservar conviene comprobar con detalle qué incluye el programa para no llevarse ninguna sorpresa. Es imprescindible fijarse en la duración de la estancia, el número de horas de clase, el tipo de alojamiento, la edad de los participantes, las actividades incluidas y las excursiones. También conviene conocer qué comidas están incluidas y cómo se organiza el tiempo libre.
Otro aspecto fundamental es comprobar quién se encarga de los jóvenes durante el viaje y cuáles son las condiciones de supervisión. En el caso de los menores, la organización y la experiencia del equipo responsable son cuestiones que deberían tener mucho peso en la decisión. Generalmente hay monitores españoles que acompañan a los niños en todo momento, pero una buena organización también incluirá coordinadores locales, que conocen bien las escuelas, las familias y las residencias de cada ciudad. Esta figura no siempre existe, pero es muy útil cuando alguna familia falla en su cometido o cuando las instalaciones de la residencia no son las esperadas.
Por supuesto, también hay que comparar precios. Dos programas aparentemente similares pueden tener costes bastante diferentes dependiendo del alojamiento, las actividades, los traslados o las excursiones incluidas. A veces son programas económicos porque utilizan escuelas y residencias propias. Y en ocasiones son campamentos más caros porque la agencia española lo subcontrata con una multinacional. No hay una opción mejor que otra, pero sí que es bueno conocer los detalles para saber a quién reclamar en caso de problemas.
Estamos seguros de que el mayor valor de un campamento de verano en Irlanda no se mide con un examen de idiomas. Viajar a otro país obliga a los jóvenes a desenvolverse en situaciones nuevas, organizarse, convivir con personas diferentes y solucionar pequeños problemas por sí mismos. Se trata de un aprendizaje que permanece cuando termina el verano. Vuelve a los jóvenes más maduros y más autosuficientes.
El inglés es el protagonista de este viaje. Pero no es el único motivo para elegir Irlanda. La convivencia internacional, las excursiones, los amigos que se conocen durante la estancia y la sensación de haber sido capaz de pasar unas semanas lejos de casa forman parte de una experiencia que los niños y jóvenes recordarán toda su vida. Para la mayoría será solo el comienzo de su proyección internacional.
Por todos estos motivos, si estás buscando un campamento de inglés en el extranjero, Irlanda es una alternativa especialmente interesante. Un país cercano, acogedor y con una cultura propia que permite convertir el aprendizaje del idioma en algo mucho más natural: vivir el inglés durante unas vacaciones y descubrir, al mismo tiempo, todo lo que supone salir de casa y conocer el mundo.